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Creo
que la imparidad es una opción, no una obligación.
Creo que quien te critica por llevar
un abrigo de piel (de granja) no debería comer conejo
ni llevar zapatillas deportivas fabricadas por niños
semiesclavos. Si tiene alfombras orientales en su
casa, mejor dejas de hablarle. Directamente. Por
mema e ignorante. Creo, como Catalina
de Béjar, que Vicente Ferrer es un santo.
Creo que un ramo de flores exóticas no está
mal. Un ramo de hortensias en un tarro de cristal,
maravilloso. Creo que no jugar
al golf no es necesariamente delito. Creo
que si te gustan Ríos de Gloria y Camela no es necesario
que lo ocultes como una falta grave ni que pongas
el sonido al mínimo cuando vas en el coche escuchándolos
y paras en un semáforo. A mí me encantan y los escucho
a todo gas, moviendo la cabeza al ritmo de su música.
Si tienes oportunidad escucha el andantino del concierto
para flauta y arpa de Mozart, te gustará.
Creo que Raphael es un cantante genial. Su
Yo soy aquel me emociona. Creo
que las mujeres que no se dejan despeinar por sus
parejas hacen mal: cualquier día su pareja despeinará
a otra. Creo que si no te gusta
la ópera no debes suicidarte socialmente, puedes
decirlo tranquilamente y en voz alta. Yo, en la
ópera me duermo. Un aria cantada por María Callas
puede hacerme llorar, pero una ópera entera me dormiría.
Otra cosa es el ballet y la zarzuela.
Creo que si en el supermercado se quedan
sistemáticamente con una o dos pesetas de la vuelta,
debes pedir que te la den, o por cada peseta te
llevas una bolsa de plástico, y eso les molesta
mucho. A mí que no me den la peseta me molesta más.
No es para repartir entre los trabajadores, es para
la empresa, así que podemos hacer la guerra a la
multinacional de la alimentación con esa peseta
que nunca nos dan. A mí me gusta comprar en el pequeño
comercio. Los autónomos levantan el país y siempre
son los grandes olvidados de todos los partidos
políticos. Creo que no enviar a
tu hijo a un internado de EE.UU. no te convierte
en una pobre chica ignorante de las ventajas que
esa educación tiene. En Oregón también hay palurdos,
no lo dudes. Creo que si tu hijo
quiere ser cocinero, fotógrafo, fontanero, carpintero...
es una persona tan maravillosa como su primo que
quiere ser ingeniero electrónico. Lo importante
es que sea un buen profesional y sobre todo feliz.
Creo que es absurdo escribir por
narices los/las. Si dices hola en una reunión no
es necesario que grites: "hola a todos, todas..."
. No me voy a sentir ofendida, entiendo que todos
me incluye. El neutro aún existe. Si coincidimos
en una puerta, déjame pasar. No voy a sentirme herida
ni vejada. Puedo ser la directora general sin dejar
de ser mujer, me gustan esos detalles.
Creo que por enviarme un ramo de rosas no
eres un cretino sensiblero ni me convierte a mí
en una deplorable mujer sin más horizontes que tus
ojos. Creo que hablar de valores
morales no nos convierte en retrasados mentales
del siglo pasado. Creo en la gente,
sin distinción de raza, religión o encuadre político.
Creo en la vida, en el amor, en
la verdad y en los colores; me gustan los colores
que tienen las buenas personas. Creo
que la vida nos estafa y nosotros nos dejamos.
Creo que se puede terminar con la pobreza
del mundo sin necesidad de andar pegando tiros.
Casi siempre, en caso de no ser posible, en fin...
Creo que las multinacionales quieren
sustituir a la democracia y gobernar a los pueblos.
Creo que la pareja y los hijos
son algo maravilloso, muy por encima de cualquier
trabajo que puedas buscarte. Creo
en el amor verdadero. Otra cosa es encontrarlo,
pero existir tiene que existir. La media Mandarina
está en algún lado, seguro. Creo
que los hombres y las mujeres somos diferentes.
Doy gracias por ello. Creo que
a las mujeres nos quisieron estafar diciéndonos
que el trabajo fuera de casa era la liberación.
No nos contaron lo de la doble o triple jornada.
Creo que frases como: "La píldora
es un adelanto para la mujer, gracias a ella se
liberó..." , son invento de algún hombre que se
encontró un día inspirado. Las Castálidas debían
estar durmiendo profundamente en aquella mala hora.
Sería interesante ver si la pastilla mágica nos
la dieron en un momento en que interesó disminuir
la natalidad y que la mujer se integrase en el mercado
laboral. Creo que una mujer y un
hombre valen lo mismo, que deben tener las mismas
oportunidades. Creo que las mujeres no las tenemos.
Creo que ser ama de casa es una
profesión tan honorable como cualquier otra. Odio
la expresión maruja. Creo que las
mujeres tendríamos que tener derecho a elegir lo
que queremos ser y hacer. Creo
que frases en las portadas de las revistas, tipo
a: "las 100 mejores posturas para el polvo del siglo"
son deplorables, rastreras y totalmente fuera de
lugar. No hay derecho a que las niñas de 16 años
se puedan creer esas cosas. Creo
que el sexo no depende de postura alguna. Puede
que sí, depende de la postura que tu cerebro adopte,
puede que de una postura mental si se trate.
Creo que el sexo sin amor no vale nada.
Creo que alguien está interesado
en que las mujeres copiemos comportamientos masculinos
que siempre hemos criticado. Creo
que los escritores que se sienten superiores por
serlo son unos mentecatos presuntuosos. Escribir
es como tallar madera o ser sastre; no más, no menos.
El entusiasmo y el trabajo bien hecho es lo que
importa. Creo que un libro que
ha de leerse con un diccionario al lado es un mal
libro: no es necesaria la petulancia para escribir
bien. Creo que los que van con
un libro de Cicerón metido en bolsillo trasero del
pantalón (rima) y presumen de ello, terminan pensando
con esa parte del cuerpo sobre la que nos sentamos:
vulgarmente, culo. Creo que mi
padre tenía razón cuando me repetía: "arroja la
parte más amarga de tu corazón y vive mas pura con
la otra..." . Lo intento para no terminar como Ofelia
o Hamlet. Resulta difícil, lo reconozco.
Creo que Ramón J. Sender fue un gran escritor.
La Tesis de Nancy es una obra única. Nadie le menciona
casi nunca. Creo que García Montero
y Xuan Bello son poesía con nombre de hombres.
Creo que los hombres no son simples.
Son cómodos y se escudan en su supuesta simpleza.
Creo que un niño merece estar con
su madre a la hora de la merienda. Contarles sus
cuitas escolares, lo mal que le cae Pedro o Juan
o quien le hizo el chichón de la cabeza. A mí, como
madre me gustaría haber tenido más meriendas con
mi hija. La galleta remojada en cacao une.
Creo que un niño prefiere un buen abrazo,
un buen revolcón en la alfombra con sus padres,
que unas zapatillas de marca. Creo
que nos buscamos necesidades tontas y eso nos hace
más infelices y al final nos esclaviza.
Creo que la palabra "fashion" es absolutamente
estúpida. Creo que la comida basura
es asquerosa. Unas buenas lentejas, unas buenas
sardinas, unos huevos fritos con patatas, una ensalada
de tomate y aceite de oliva no los supera ningún
paquete de comida prefabricada. Creo
que esa manía de admirar todo lo oriental, de ser
minimalista a la fuerza, nada tiene que ver con
el Zen o la sabiduría de los místicos chinos, indios
o japoneses. Creo que las operaciones
de estética, las dietas vertiginosas y cosas similares
demuestran lo poco que nos queremos a nosotros mismos.
Como la Catalina de Nada te turbe, prefiero una
tripa mullida para recostar la cabeza. Nunca seremos
modelos ni nuestra pareja lo será. Lo que natura
no da, ninguna dieta otorga. Creo
que, muchas veces, una caricia vale más que mil
palabras. Necesito sesiones de "abrazoterapia".
Curan más que los psicólogos. Creo
que sólo se vive una vez y no tenemos por qué ser
desgraciados o infelices. Creo
que tendríamos que boicotear a las tiendas que venden
una talla 46 y que en realidad es una 38. A mí me
provocan depresión estas cosas. Creo
que el balonpie ( fútbol) no es sólo cosa de hombres.
Si tu ves un partido con él, a cambio tiene que
acompañarte a comprar esos zapatos que tanto te
gustaron, pero de los que no estás segura. Si no
lo hace, está claro: es un egoísta. Creo
que quiero creer que después de esta vida hay otra.
De no ser así pocas cosas merecerían la pena.
Creo que los hombres deberían decir
a sus mujeres lo que quieren en el sexo y en la
vida. Las mujeres lo mismo. Hablando nos evitaríamos
muchos problemas en ese campo. Creo
que sentencias judiciales tipo a la minifalda dejan
fatal al sexo masculino. Si un día estoy en la playa
y veo a un Tarzán en braga náutica, marcando paquete,
no se me ocurriría lanzarme a sus brazos, tirarle
en la arena y en fin... Eso me convertiría en un
ser animal y sin escrúpulos. Retrocedería en la
escala de la evolución. Los hombres de bien tendrían
que protestar por sentencias semejantes. La verdad
es que les dejan a la altura de los monos.
Catalina Béjar de Prado
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